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La primera vez con el inglés

lisette @ 17:49

El primer día de clases en la escuela oficial de idiomas a la que asistía hace ya varios años atrás pude darme cuenta que aprender un idioma extranjero no eran tan fácil como yo me lo esperaba. Llegué muy tranquilo a la clase para empezara a aprender inglés cuando el profesor soltó unas palabras en dicho idioma que yo no entendía. Luego volvió a abrir la boca, ya esta vez en español para decir los mismo que acababa de decir en inglés, pero ahora en nuestra lengua materna, la cual todos los alumnos sí conocíamos a la perfección y podíamos entender. Lo que dijo fue que a partir de hoy nadie debía dirigirse a otra personas en español mientas estemos en el interior del aula. Esto dejó perplejo a más de uno, recién íbamos a empezar con el aprendizaje de este idioma y ya teníamos que dirigirnos a todos mediante esa lengua extranjera.

 

Felizmente, para mí, y creo que para el resto de mis compañeros también, el profeso agregó que por tratarse de la primera clase trataría él mismo de hablar todo en los dos idiomas para que no nos perdiéramos y pudiéramos seguir la clase con toda confianza de entender lo que él nos iba explicando. Esto sería así durante las primeras semanas hasta que más o menos fuéramos acostumbrándonos a oír tan sólo indicaciones, preguntas, comentarios, en fin todo, en inglés. Todo ello para complementar un aprendizaje intensivo y adecuado para nosotros. Claro que en un primer momento todos en el aula pensábamos que no íbamos ser capaces de lograrlo, ya que pasar a estar en un ambiente en el que sólo se hablaría otro idioma parecía un impacto tan intempestivo que generaba en muchos el temor de no poder seguir, y ocasionaba el deseo de rendirse a la primera oportunidad.

 

Sin embargo conforme fuimos avanzando, el idioma inglés se iba haciendo más familiar para nosotros ya que la costumbre de oírlo y hablarlo, así como de leerlo y escribirlo para todo lo que quisiéramos durante la clase era muy útil. Además lo practicábamos fuera de clase en toda oportunidad que se nos presentaba, con los turistas en los lugares más conocidos de la ciudad, con otros amigos que ya sabían algo más, en fin, no fue tan difícil como nos lo habíamos planteado y de esa manera avanzábamos y mejorábamos en la práctica del inglés, viendo con optimismo como nos favorecía este proceso.

 

Esa fue la vez en la que empecé a estudiar un idioma distinto al mío. Y recuerdo que conforme me acercaba al final de todo el aprendizaje, se hacía más fuerte en mi memoria ese primer día de clases en el que todo me parecía cuesta arriba y en el que deseaba salir y no volver. Pero también me preguntaba si la próxima vez que tratara de aprender otro idioma me pasaría lo mismo, y si debía estar ya acostumbrado a la idea de que la primera vez que se intenta algo nuevo siempre parece más difícil de lo que es en realidad. Hoy ya van tres idiomas los que he aprendido y cada vez se hace más fácil estar acostumbrado a la idea que con cada uno se abre un mundo del que no sabemos nada al inicio, pero que es en realidad muy fácil de aprender.

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